En la preservación y cuidado del medio debe participar cada individuo. Para ello es necesario hacer recapacitar a las personas para que conozcan las consecuencias de la contaminación y la destrucción de la naturaleza.
La reforestación es una alternativa para devolver a la naturaleza lo que le hemos quitado. Se dice que por cada árbol derribado se deben plantar cinco; de este modo las generaciones futuras también gozarán de zonas arboladas.
En las ciudades, las autoridades tendrían que delimitar las zonas urbanas e industriales y detener su crecimiento desordenado.
En las zonas industriales las fábricas son fuente constante de contaminación porque arrojan gases tóxicos por las chimeneas y porque son pocas las que cuentan con plantas para el tratamiento de aguas residuales; la mayoría arroja sus desechos directamente al drenaje y otras a los ríos o al mar.
En la actualidad también se llevan a cabo experimentos nucleares que dejan en el ambiente radiación nociva para la salud. Esa radiactividad permanece en el medio durante mucho tiempo causando problemas y enfermedades que incluso se transmiten a generaciones posteriores.
En las zonas urbanas también existen problemas relacionados con la contaminación: el exceso de basura que se tira, el uso desmedido de detergentes y aerosoles y, como punto culminante, el enorme desperdicio de agua.
Basta observar cualquier calle o parque para encontrar basura, o para ver vehículos que circulan arrojando humo, o camiones transportando materiales para la construcción que no van tapados y a su paso van arrojándolos al aire.
Con respecto al ruido, es conveniente utilizar el claxon sólo cuando sea indispensable y no permitir los cohetes ni la música estridente en las fiestas.
Los conductores de camiones materialistas deberían ser multados cuando lleven material descubierto; pero sobre todo explicarles el problema que provocan con esa irregularidad para que sigan las normas, convencidos de que es por el bien de todos.